En esa lagrima condensada, cautiva la pasión


delicado cristal, frágil prisión;


incapaz de soportar las ardientes llamas...


deslizándose trémula hacia la nada,


al fin se desvanece:


Evaporada!!!

domingo, 3 de junio de 2012

El pirata y la sirena

I
Antes de comenzar a recorrer el camino ya había decidido dar el amor por perdido, sacrificó aquello que tanto había anhelado por el brillo de eso por lo que los hombres venden cuerpo y espiritu. Después de encontrar lo hallado prefirió dejarlo escapar.


El decidió no volver a postrar su alma en aquel altar donde se entregan aquellos que saben amar. Decidió recorrer el camino en sentido opuesto al destino, buscando aquello que solo no se puede encontrar.


Ella vio pasar las lunas, una tras otra,  desde su cama casi siempre vacía, mientras se sucedían las estaciones y algún amante de usar y tirar rellenaba su copa de vino.


La impronta  del tiempo marco su rostro verde aceituna, y quiso la Luna teñir de plata sus cabellos aplacando su dura mirada. Perdieron firmeza sus rudas manos entrenadas de joven para la batalla. Y en sus ojos se gastaron tantos atardeceres mirando al mar que decidió Poseidón entregar una de sus sirenas a aquel mortal.


Ajada la belleza de su mirada quiso la madre tierra que ella fuese de los suyos repudiada y en el ocaso de esa vida derrochada sus pasos la llevaron de nuevo rumbo al hogar, rumbo al mar. 
Que nunca es tarde para recuperar el pasado y pedir perdón a un padre airado.




II
Poseidón y la sirena

Hablo el dios del mar y la tormenta:


- Ese es el hombre, el predilecto del viento, protegido de la luna. Ahora le perteneces a el. Ve y obtén tu perdón.


- Padre, así lo haré por vos, aunque mi corazón pertenece a un mortal. Condenada estoy, ya lo sabéis.


- Hija, deja al azar lo que para él escribió el destino...


Observa día y noche, la sirena, al triste mortal tendido sobre la arena. La luna oscura alumbra el lánguido canto de aquella medio mujer que dejo marchar al ser amado.
En algún lugar, desafortunado aquel que se deja mecer por la maldición, siendo arrastrado sin piedad al fondo abisal.

Pregunta la sirena:


- ¿Que es lo que de la vida esperas?


- Haré lo que de mi se espera por posición y condición, solo soy un siervo.


- ¿No hay nada que desees? ¿que yo te pueda conceder? ¿no soy suficiente para ti? ¿no me deseas?      


- No te deseo. A ti no. Sirena varada en la arena, no hay nada que tu me puedas dar... 


- No ves que ya no eres aquél que una vez partió. ¿No te das cuenta? Deja de mirar las puestas de sol, recupera tu vida anterior; surca de nuevo el mar y yo cantaré para ti, acompañando tu navegar.


- Para mi es tarde ya. 


- Mortal, condenado a perecer, a desaparecer de la memoria de los que, por un instante fugaz, te sobrevivan. ¿Así tu vida malgastas? 


- No es pena esta dulce condena: haber amado y poder recordar en cada atardecer junto al mar. Mi tiempo se acaba, no rodare lejos, ni surcaré de nuevo los océanos... 


Siente la sirena en el pecho un hondo pesar saboreando amargo el paladar .


- Si así lo deseas, pereceré contigo, junto a ti, a tu lado, en esta playa desierta.


Le mira profundo a los ojos, el hombre que tanto la había amado, el que por ella todo había abandonado; en su interior siente un viejo rencor.


- ¿De verdad eres tu? ¿Ya no vives en tu palacio de cristal? ¿Que fue lo que paso? ¿Te aburriste?


Su mirada antes serena recupera la  fiereza de aquellos tiempos en los que se batía por la espada repartiendo muerte a suertes. 


- Que injusto es el destino, para rehabilitar mi lugar en la casa de mi padre he de ayudar a aquel que una vez me hizo abandonar el buen camino...


- Nada me puedes dar, nada te he pedido. Sirena vuelve al mar y deja a este hombre encontrar su final.


Se aleja por la playa, dando la espalda, una vez mas, a su destino, mientras ella dibuja sobre la blanca arena el nombre de aquel hombre extraño.




III
El sueño y la luna

Terrible ha de ser tu sufrimiento cuando eliges la soledad al amor. Cuando en vez de cabalgar encrespadas olas en el ojo del huracán te postras en la orilla como mero espectador. 
¿Acaso el tiempo arranco de tu corazón el valor y te convirtió en un ser pusilánime?


Brillo tan alto junto a mi, mi sol amado, fue tan floreciente nuestro reinado, que sufrimos la envidia del resto planetas y astros. Juntos urdieron la conjura estableciendo jerarquías y rangos. El fue encumbrado en un lugar donde todos pudiesen rendirle pleitesía, a mi me encadenaron a esta órbita espacial condenada a girar sin descanso. A veces, nuestros dedos se rozan en un amanecer temprano, por un instante, de nuevo, siento su calor.


Yo soy la luna, pirata cobarde; protejo a los amantes, les doy cobijo, soy inspiración y guía. Controlo las mareas y puedo hacer que Poseidón no tenga un buen día.
He visto hombres y dioses desvanecerse en el ayer buscando la inmortalidad. 
Hora es ya de que afrontes aquello para lo que nunca se esta preparado, ya seas mortal o deidad.
Despierta de ese letargo, regresa al mar, encumbra tu navío sobre olas de espuma e iza de nuevo tu bandera: dos tibias y una calavera!




 Desde algún lugar del Mare Nostrum
JackSparragoss

6 comentarios:

C.S.Peinado dijo...

Y que no nos falte nunca la confinada dimensión del Mediterráneo, del cual emanan nuestras mejores esencias. Un relato precioso. Gracias por el regalo.

Un saludazo.

la turca dijo...

La luna; nunca pares de proteger a los amantes y de brillar encima del Mare Nostrum...

un beso, pirata

Anel dijo...

La Luna, el Dios del Mar, sus criaturas más bellas y peculiares, quienes devolvieron al Gran Azul al Pirata Malo.

Relatos que saben a sal, me gusta.

Un beso Jack!

Cecy dijo...

Los misterios que despiertan el mar, la luna, y los condenados amantes. Y la eternidad magnetismo que ejerce entre los mortales.
Y su conjunto me sabe a encantamiento.

Un abrazo!

Herep dijo...

Sí que saben a Mar tus versos, Jack.
Una gran historia digna de un paladín de las aguas.
Muy bien recreado, pirata.

Un saludo.

Ío dijo...

Hermoso tu relato, lleno de historia, mar y amor, y con luna, como era de esperar de un pirata que se precie :)).
Le pongo un pero, que no es un pero en sí, y es que yo lo imagino no en el Mare Nostrum, si no en el cantábrico, mucho más bravo y sensual que el Mediterráneo, ónde va a parar, con sus olas, que son olas de verdad, y sus galernas y calmas chichas, y y y... ya sabes, soy mujer norteña, no puedo evitar "tirar para casa".

Un beso, mi bello pirata, desde cerca del mar

Ío